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Proceso

Empezar pequeño no es falta de ambición. Es cómo se acierta.

Los proyectos a medida no fracasan por la tecnología. Fracasan por comprometer el alcance completo cuando todavía nadie sabe cuál es el alcance completo.

Esquema de sistemas dibujado a mano en un cuaderno, con cajas y flechas trazando el flujo entre almacén, gestión y canales de venta
El diagrama antes del código: acordar por dónde circula el dato evita la mitad de las discusiones posteriores.
  1. Conversación

    Hablamos del problema y de quién lo sufre. No hace falta traer los requisitos escritos; de hecho es mejor que no vengan cerrados.

  2. Primera fase acotada

    Buscamos el trozo más pequeño que ya sirva por sí solo. Alcance y coste cerrados, plazo corto.

  3. Construcción

    Por partes utilizables. Ves avances que se pueden tocar, no informes de progreso.

  4. Puesta en marcha

    Con posibilidad de volver atrás, y con el equipo formado antes de que dependa de ello.

  5. Evolución

    El negocio cambia. Lo construido tiene que acompañar ese cambio o se convierte en un lastre.

Por qué no damos un presupuesto cerrado del proyecto entero

Porque para dar un número fiable de algo que aún no está definido hay dos opciones: inflarlo mucho para cubrirse, o darlo bajo y renegociar a mitad. Las dos son malas para el cliente, y la segunda además genera desconfianza justo cuando hace falta lo contrario.

Lo que sí cerramos es cada fase. La primera es deliberadamente pequeña y tiene tres efectos: el cliente comprueba con poco dinero si trabajar con nosotros le conviene, nosotros aprendemos cómo funciona el negocio de verdad, y a partir de ahí las estimaciones dejan de ser adivinanzas.

Si tras la primera fase la conclusión es que no merece la pena seguir, se para. No hay contrato que ate a un plan de dos años.

Qué necesitamos del cliente

Muy poco, pero no negociable: acceso a quien va a usar la herramienta. No al responsable que la aprueba, sino a quien va a tener la pantalla delante ocho horas. Los proyectos que se diseñan solo con dirección acaban entregando algo correcto sobre el papel que nadie usa.

Además ayuda —y ahorra dinero— que haya alguien que pueda responder preguntas concretas sin convocar una reunión, y que exista claridad sobre quién decide cuando dos áreas quieren cosas distintas.

Cómo se trabaja el día a día

Hablas con quien construye, directamente y por el canal que te resulte cómodo. No hay gestor de cuenta intermediando ni tickets que se pierden. La contrapartida es que esperamos la misma franqueza: si algo no está funcionando, cuanto antes se diga, más barato es arreglarlo.

Cuando algo no se puede hacer, o se puede pero es mala idea, lo decimos y explicamos por qué. Es más incómodo en el momento y mucho más barato a los seis meses.

Preguntas frecuentes sobre presupuesto, propiedad del código y mantenimiento →

La primera conversación no cuesta nada

Y sirve para lo más importante: saber si hay encaje. Si no lo hay, mejor descubrirlo en media hora que en tres meses.